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Marihuana en la cama

El sexólogo Santiago Cedrés realizó una investigación sobre el tema con 530 pacientes uruguayos.

Fumar un porro para desinhibirse. Para tener los cinco sentidos a flor de piel. Para lograr mantener la erección por más tiempo. Para dejar los prejuicios de una educación castradora fuera de la habitación. Para evitar la eyaculación precoz. Para revivir una pasión alicaída por el paso del tiempo. Entre todas las drogas que desde la antigüedad se vinculan con la sexualidad, la marihuana es sin duda la más popular. Y también la más erótica. Sin embargo, pese a que las primeras sensaciones físicas —y el saber popular— lleven a pensar lo contrario, su consumo habitual y prolongado tiene más consecuencias negativas que ventajas.

“Cada vez es más frecuente que el varón o la mujer que consultan por disfunciones sexuales tengan a la marihuana como un hábito”, dice el sexólogo clínico y presidente de la Sociedad Uruguaya de Sexología Santiago Cedrés. El especialista notó el cambio en su consulta hace tres años, cuando en el relato de sus pacientes fumar un cigarrillo de marihuana pasó de ser una “experiencia ocasional” a un “hábito frecuente” e incluso diario, generalmente “sumado a un estado de depresión o ansiedad, que en definitiva es lo que lleva a consumir”.

Es que al igual que el alcohol, la marihuana tiene “efectos depresores” que generan relajación física y mental, además de una sensación de bienestar. De ahí que haya quienes la consideren una herramienta útil para hacer frente a la ansiedad previa a las situaciones relacionadas con la conducta sexual. “La desinhibición permite obviar los prejuicios sociales y los tabúes personales”, asegura Cedrés.

Según la revista Medical Daily, el cannabis “tiene un efecto calmante y relajante asociado a una reducción del nivel de ansiedad”. En un artículo sobre el tema, El País de Madrid escribió: “En el plano sexual, la mayoría de los expertos coinciden en que la marihuana incrementa las sensaciones, relaja y ayuda a desinhibirse, condiciones más que interesantes para irse a la cama cuando la última intención es conciliar el sueño”. En Uruguay, a la vanguardia en materia de legalización y consumo oficial, Cedrés opina que el énfasis debería estar en educar sobre los efectos de las drogas en la sexualidad. “A veces el paciente siente que juega todo a favor. Y, de hecho, a bajas dosis y con consumo ocasional puede llegar a jugar a favor en el sentido de que el vínculo con el otro es distinto, baja la ansiedad, puede aumentar la erotización, la sensibilidad de todo el cuerpo y la intensidad orgásmica… Como decimos nosotros, cambia el mapa erótico. Pero con dosis mayores y por tiempo prolongado, empieza a afectar otras cosas”.

Los efectos, claro, no son los mismos para todos. Cómo influye el consumo sobre la sexualidad depende de varios factores, desde el tipo de personalidad hasta la cepa de la planta y el contexto de la relación de pareja. Sin embargo, hay una consecuencia que es común a todos: cuando el uso aumenta y se extiende en el tiempo, la marihuana ya no solo afecta la “sexualidad erótica” sino también su función reproductiva. “Provoca alteraciones en la secreción de las hormonas sexuales, actúa a nivel de los testículos en los hombres y los ovarios en las mujeres, afectando la cantidad de óvulos y espermatozoides, su calidad y su vitalidad”, asegura Cedrés, quien presentó una investigación a partir de casos clínicos y bibliografía en un encuentro de sexología celebrado en marzo en Chile (ver recuadro).

Historia y efectos.

La relación entre la sexualidad y la marihuana es tan vieja como la vida misma. En India, por ejemplo, la medicina tradicional tenía una fórmula con marihuana que recetaba como afrodisíaco. En la Serbia del siglo XIX a las jóvenes vírgenes se les daba una mezcla de grasa de cordero con cannabis en su noche de bodas para disminuir el dolor de la primera penetración. En el antiguo Egipto las mujeres introducían cannabis dentro de sus vaginas para aliviar el dolor del parto. Más acá en el tiempo, también fue utilizada en todas las clases y edades para encender el deseo y mejorar el orgasmo. Hoy incluso hay una cepa de cannabis llamada Sexxpot, hecha expresamente para ese fin.

“Desde tiempos muy remotos el hombre y la mujer han buscado recursos que les permitan incrementar su placer sexual y han recurrido a plantas, alimentos y, por supuesto, sustancias naturales o sintéticas como lo son las drogas”, dice Cedrés en su informe. “Aunque al consumirlas en dosis bajas, aparentemente aumenten el deseo sexual, los efectos a largo plazo terminan deteriorando en forma muy significativa todas las etapas de la respuesta sexual femenina y masculina”.

La marihuana, que según la Organización de las Naciones Unidas es “la sustancia ilícita más utilizada en el mundo”, contiene más de 400 compuestos químicos diferentes, entre ellos al menos 66 cannabinoides. Uno de los principales es el Tetrahidrocannabinol (THC), al que se le atribuyen la mayoría de los efectos físicos y psicoactivos vinculados a la relajación y la alteración de los sentidos visuales, auditivos y olfativos. “Las sustancias del cannabis actúan sobre los receptores cerebrales y aumentan la sensibilidad, entonces para el erotismo juega muy a favor”.

Sin embargo, que una droga potencie el deseo sexual de una persona no significa, necesariamente, que mejore su actuación sexual o su placer. “Esos son mecanismos compensatorios que se buscan. Y cada vez más se usa la marihuana en ese sentido, para tener un ejercicio de la sexualidad más satisfactorio”. A grandes rasgos, dice el sexólogo, mientras que las mujeres recurren a ella para desinhibirse los hombres lo hacen “para poder manejar la ansiedad” previa a una relación sexual.

“Provoca el deseo pero frustra la ejecución”, decía Shakespeare y los sexólogos utilizan la frase para referirse a los efectos de las drogas y el alcohol en la vida sexual. “Puede desinhibir, pero la disfunción eréctil es la regla si el varón está alcoholizado o drogado, igual que la pérdida del orgasmo en la mujer”, explica Cedrés, uno de los 12 miembros de la Academia Internacional de Sexología Médica.

Un estudio realizado por la Oxford University Press en 2015 reveló que fumar cannabis una vez a la semana reducía la producción de espermatozoides en un 28% respecto a los no fumadores o a quienes lo hacía en una proporción menor. También provoca bajos niveles de testosterona, la hormona masculina asociada al deseo. En las mujeres, el consumo regular lleva a la falta de lubricación vaginal que, advierte Cedrés, puede derivar en dificultades orgásmicas y coito doloroso. A largo plazo, también llegan los trastornos de fertilidad, ya que se alteran los ciclos hormonales, ovulando menos y con peor calidad. “Los pacientes no tienen idea de estas consecuencias porque en el saber popular no están, pero son muchas”.

El cannabis más allá de lo sexual.

A largo plazo, los beneficios sensoriales que la marihuana genera en el plano sexual se transforman en trastornos hormonales y orgánicos. Lo mismo sucede en otros órdenes de la vida. Varios estudios internacionales relacionan el consumo de cannabis con el desarrollo de ansiedad, psicosis, depresión y trastornos de pánico. “Con respecto a la aparición de trastornos mentales, tales como depresión y ansiedad, se comprobó que los consumidores diarios tienen cinco veces más posibilidades de desarrollarlos que los no consumidores, mientras que aquellos que son consumidores semanales tienen cerca del doble de posibilidades”, señala el sexólogo Santiago Cedrés en la investigación Efectos del consumo de cannabis en la función sexual, que realizó durante 2016 a partir de entrevistas con 530 pacientes que relataron consumo habitual y disfunción sexual.

“El paciente piensa que uno va a aprobar e indicar el consumo”.

“Antes fumaba marihuana y controlaba la eyaculación, pero ahora no me alcanza”. “Fumo y estoy bárbaro, pero ya no tengo ganas de conectarme con nadie”. “Cada vez preciso fumar más para sentirme igual de bien que antes”. Palabras más palabras menos, así llegan los pacientes al consultorio del sexólogo Santiago Cedrés, quien motivado por este escenario investigó los efectos del consumo de la marihuana en la sexualidad de los uruguayos. Para el trabajo entrevistó 530 pacientes, 135 mujeres y 395 hombres entre 18 y 40 años. “Lo cierto es que cuando vienen al sexólogo ya están pidiendo ayuda, llegan porque la marihuana no alcanza”, cuenta.

En la mayoría de los casos, los pacientes utilizan el cannabis como ansiolítico, para evitar el estrés que les provoca el encuentro sexual. “Lo increíble es que esto se ve sobre todo en jóvenes, donde la ansiedad es brutal y el consumo alto”, dice el médico. Una de las consecuencias más evidentes de este tipo de conducta es la “disfunción eréctil psicológica”, o sea aquella que no tiene causas orgánicas, como pueden ser problemas circulatorios o la diabetes. “Cada vez es más frecuente la consulta del paciente que no puede manejar el nivel de ansiedad que le provoca el encuentro sexual, quizás por miedo al mal desempeño o alguna disfunción previa”. En Uruguay, uno de cada tres varones menores de 40 años con vida sexual activa tiene eyaculación precoz.

A diferencia de lo que sucede con otras drogas, la marihuana todavía cuenta con buena prensa. “El paciente llega con muchas expectativas, pensando que uno no solo lo va a aprobar sino que lo va a habilitar y a indicar”, cuenta Cedrés. Sin embargo, su uso no está recomendado a nivel médico.

En su lugar, los sexólogos recomiendan empezar una “terapia sexual” que combine la medicina con la psicología. “La estrategia es aprender a manejar la ansiedad que lleva al paciente a la disfunción”. En ese sentido, sí se recomiendan los afrodisíacos naturales: “Y entre ellos el más importante de todos es el amor”, apunta Cedrés. “El segundo es el tiempo que la pareja dedica a la relación, que no sea un trámite”.

Fuente DANIELA BLUTH

 

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